El síndrome miofascial se define como el conjunto de síntomas y signos, tales como dolor muscular, presencia de punto gatillo y fenómenos autónomos que pueden ser motores y sensoriales. Los signos y síntomas propios de este trastorno son ocasionados por la presencia de lo que se ha denominado punto gatillo (PG), el cual se ha definido como un nódulo hiperirritable localizado dentro de una banda tensa de un músculo en concreto. La presencia de este nódulo genera dolor y cuando se estimula, a través de movimientos o con la palpación, puede desencadenar dolor referido a otras zonas o bien fenómenos autónomos.

Causas del síndrome miofascial

Este tipo de trastorno es una de las causas más frecuentes de dolor de tipo musculo-esquelético. Existe mayor incidencia en el rango de edad que abarca desde los 31 a los 51. Por otra parte, se estima que aproximadamente el 50% de la población, posee puntos gatillos latentes. Existen diferentes tipos de puntos gatillos:

  • Latentes: Este tipo de punto gatillo solo genera dolor cuando se estimula.
  • Activos: Aquel punto gatillo que genera dolor sin la necesidad de ser estimulado. Suele ser el desencadenante del dolor que refiere el paciente.
  • Satélite: Este tipo de punto gatillo es aquel que se activa como consecuencia de otro punto gatillo. Muy importante tener en cuenta sus características durante el diagnóstico, ya que al tratar este tipo de punto hay que tener en cuenta el punto gatillo principal que ha desencadenado su generación.
  • Insercional: Denominado así por su localización, se encuentra en la unión miotendinosa.

El origen de este tipo de puntos gatillo es multifactorial y existes mecanismos que desencadenan su aparición directamente y otros mecanismos indirectos. Entre los mecanismos directos destacan los siguientes:

  • Sobrecarga debido a movimientos bruscos, estiramientos forzados
  • Sobrecarga debido a movimientos repetitivos, generalmente en actividades profesionales o deportivas.
  • Traumatismos directos en los músculos. También podría considerarse como traumatismo directo el enfriamiento de un músculo previamente fatigado.

Por otra parte, entre los factores que generan su activación de forma indirecta, destacan los siguientes:

  • La presencia de otros puntos gatillo
  • Enfermedades inflamatorias que afectan a vísceras y otro tipo de enfermedades como la angina de pecho.
  • Disfunciones articulares
  • Radiculopatías
  • Estrés emocional y ansiedad

Síntomas del síndrome miofascial

El síntoma principal del dolor miofascial es el dolor, el cual es originado por la presencia de un punto gatillo (activo, latente…). El dolor puede estar presente en reposo o bien puede desencadenarse al ser estimulado mediante palpación o movimientos concretos. Sin embargo, el dolor no es el único síntoma característico. Algunos síntomas desde el punto de vista motor que también se presentan en el síndrome miofascial es la rigidez y debilidad en el músculo afecto, así como espasmos musculares en otros músculos.

En función de la localización de estos puntos gatillos, se desencaderán determinados síntomas y signos. Esta características clínicas dependerán de un músculo y otro, así se pueden encontrar síntomas que evidencian de forma clara la localización y presencia de esta entidad. Un ejemplo de esto es la presencia de puntos gatillos en el músculo esternocleidomastoideo (ECOM), el cual puede llegar a producir las siguientes manifestaciones:

  • Lagrimeo y enrojecimiento del ojo
  • Fotofobia y en algunos casos visión borrosa
  • Congestión nasal en la fosa del lado afecto
  • Tos de carácter irritativo que no remite con tratamiento farmacológico
  • Distorsión en la percepción a la hora de levantar peso

Por otra parte, la presencia de puntos gatillos en determinadas zonas, pueden dar lugar a mareos, vértigos, vómitos, ataxia, acúfenos y fatiga muscular, por ello la exploración y valoración se convierten en un elemento fundamental para abordar este síndrome tan frecuente.

Tratamiento para síndrome miofascial

En relación al tratamiento realizado por los fisioterapeutas en este síndrome, se pueden encontrar dos variantes: tratamiento conservador y tratamiento invasivo. El tratamiento conservador será la opción escogida en el caso de que durante la exploración se encuentren contraindicaciones para el tratamiento invasivo. La práctica conservadora incluye las diferentes técnicas:

  • Técnicas de compresión que engloban varias modalidades: compresión isquémica, que consiste en generar una presión mantenida sobre el punto gatillo y provocar dolor hasta que cese para posteriormente aumentar la presión; liberación por presión, que consiste en presionar de forma mantenida el punto gatillo sin llegar a provocar dolor; compresión intermitente, en la cual se hacen secuencias de presión mantenida y liberación sin provocar dolor; y la técnica de Jones, en la cual se presiona el punto gatillo hasta producir dolor de forma ligera y posteriormente se busca una postura de confort muscular, en la cual desaparezca el dolor. Cabe destacar que estas técnicas tienen variantes que pueden ser utilizadas en función del paciente.
  • Técnicas de masaje: en las cuales se encuentran diferentes tipos de movilizaciones como puede ser el masaje longitudinal, el rasgueo, la técnica neuromuscular o los amasamientos.
  • A la aplicación de las técnicas conservadoras, se pueden realizar técnicas accesorias que pueden ser beneficiosas en algunas ocasiones: respiración, movimientos oculares e incluso la propia gravedad.

En cuanto al tratamiento invasivo, la punción seca es una de las técnicas más extendidas y utilizadas en este ámbito. Se trata una técnica segura, que debe ser aplicada en los casos en los que las manifestaciones clínicas no indiquen contraindicaciones. Las técnicas de punción seca se dividen a su vez en:

  • Punción seca profunda, con dos técnicas destacadas como la de Hong y Gunn. La punción seca profunda si ha demostrado diferentes efectos sobre los puntos gatillo. Algunos de los efectos son los siguientes: lavado de sustancias nociceptivas tras generarse una respuesta de espasmo local; disminución de la sensibilización de la zona por una serie de reacciones bioquímicas; y según algunos autores, se genera una ruptura de las fibras musculares afectas.
  • Punción seca superficial, entre las cuales destacan las de Baldry y Fu. Estas técnicas difieren en la colocación de la aguja y los movimientos que se aplican con ella a nivel subcutáneo. Estas técnicas no han demostrado superioridad en cuanto a eficacia al placebo.

Ejercicios para aliviar al síndrome miofascial

El tratamiento para esta entidad se basa principalmente en las técnicas descritas anteriormente. Sin embargo, es importante tener en cuenta que el fisioterapeuta puede prescribir pautas post-tratamiento, las cuales suelen ser ejercicios basados principalmente en automovilizaciones articulares y autoestiramientos.

Tras la aplicación de las técnicas conservadoras o invasivas, el profesional suele realizar terapia manual ortopédica, generalmente movilizaciones pasivas en la zona afecta. Es importante realizar los objetivos pautados con el profesional para la consecución de los resultados. El tratamiento debe contar con la implicación del paciente.

Por ello, los ejercicios de estiramientos y la movilizaciones deben ser explicados de forma clara y concisa, así como su ejecución (series, repeticiones, tiempos, etc). Fisiosite cuenta con numerosos fisioterapeutas formados en el tratamiento del síndrome miofascial, por ello en sus listados podrás encontrar la opción más indicada para tu lesión.

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