Los osteofitos son el nombre con el cual se define el desarrollo de tejido óseo en forma de protuberancia en diferentes articulaciones del cuerpo. La presencia de estas formaciones óseas es muy frecuente encontrarlas en las articulaciones que están experimentando un proceso degenerativo. Actualmente existen creencias erróneas sobre este tipo de tejido óseo, ya que popularmente se considera una lesión, sin embargo no es una patología como tal, sino que puede formar parte de las manifestaciones clínicas de patologías como artrosis, artritis y otros procesos degenerativos. 

¿Dónde se desarrollan los osteofitos? 

Las formaciones de tejido óseo que se forman tiene aspecto de bulto redondo y se pueden desarrollar en cualquier hueso del cuerpo, sin embargo, la zona donde se presentan con mayor frecuencia es en la columna cervical. La presencia de estas protuberancias no son la fuente de dolor en la columna cervical, sin embargo si pueden generar presión en estructuras nerviosas y producir las denominadas radiculopatías que tienen como síntomas principales: dolor, sensación de hormigueo, entumecimiento e irradiación de los síntomas desde las cervicales hasta el brazo. También se ha reportado, que la presencia de estas extensiones de tejido óseo en determinadas zonas cervicales pueden producir parálisis de las cuerdas vocales o incluso compresiones de la arteria vertebral y  también disfonía.

En los casos en los que la compresión se da en nervios que se encargan de inervar musculatura respiratoria o relacionada con la masticación, se pueden experimentar síntomas como disfagia o bien problemas respiratorios musculares. En 

En general, es común que estos procesos tengan lugar en los huesos cuyas articulaciones están sufriendo un proceso degenerativo: artrosis o bien tras procesos inflamatorios prolongados que no se resuelven totalmente. 

¿Por qué se forman los osteofitos? 

Como se ha mencionado anteriormente, estas extensiones óseas se producen debido a procesos degenerativos, es decir, se originan con el objetivo de compensar dicha degeneración de la articulación. Aunque se pueden originar sin que exista una lesión aparente, es decir, debido a la edad, suelen estar asociados a la artrosis. La artrosis cursa con varias fases, entre las cuales se encuentra la degeneración del cartílago y posteriormente la remodelación del hueso subcondral.

El objetivo de la remodelación es sustituir el tejido dañado por tejido óseo nuevo, mediante los osteoblastos. Sin embargo, este proceso no se ve concluido con éxito, ya que las formaciones de hueso que se crean no son adecuadas. Es por ello por lo que se define como un proceso fallido de compensación de la degeneración de la articulación. Aunque también se forman sin que exista daño articular, por tanto en este caso, el motivo que impulsa su creación es explicado por varias teorías que no han resultado determinantes. 

¿Qué consecuencia tiene la formación de osteofitos? 

La presencia de estas formaciones óseas no implica que el paciente tenga que experimentar síntomas, ya que en algunas ocasiones se evidencia a través de pruebas de imagen, la presencia de protuberancias óseas y no producen ningún tipo de manifestación clínica. La principal consecuencia es que su formación, dependiendo de la zona, puede presionar estructuras nerviosas y generar síntomas como sensación de entumecimiento en otras zonas como manos, piernas, pies, brazos… (dependiendo del nervio que se presione, los síntomas se experimentarán en un lugar determinado). Por otra parte, los pacientes también reportan signos como calambres y espasmos musculares, así como sensación de debilidad y temblores, como consecuencia de la compresión que se da en el nervio. En el caso de que estos se encuentren en la columna cervical, es típico encontrar a pacientes que padecen dolores de cabeza y mareos, además de dolor en el cuello e irradiado a zonas del miembro superior. 

El tamaño y localización de estas protuberancias óseas determinarán los síntomas y signos del paciente, pudiendo ser inexistentes o bien pueden llegar a provocar limitación del rango de movimiento de una articulación, con pérdida de la función normal. 

Aunque se desarrollan de forma muy frecuente en la columna cervical, también se da en muchas ocasiones en el hueso calcáneo, lo que se ha denominado: espolón del calcáreo. La formación ósea que se origina en la parte posterior del calcáneo no es la fuente de dolor sino el roce entre el hueso y la fascia plantar, dando lugar a dolor en la zona del pie en actividades tan simples como andar. Este recibe un nombre diferente porque se origina por una causa distinta al osteofito: fuerzas de tracción entre fascia o tendón contra un hueso.

Tratamiento para reducir los síntomas de los osteofitos 

Desde la fisioterapia existen técnicas de tratamiento que pueden aliviar los síntomas que se generan cuando este tipo de formaciones comprimen raíces nerviosas. En general, el tratamiento conservador es la primera elección para mejorar el dolor y la sintomatología asociada. Algunas de las técnicas que más se utilizan en consulta son la terapia manual, el ejercicio terapéutico, ejercicios de neuromodulación y medios físicos. Sin embargo, en algunos casos es preciso recurrir a procedimientos quirúrgicos que se basan principalmente en la extracción de dicho crecimiento óseo. No obstante, la extracción no implica que estos no vuelvan a aparecer.

En la actualidad, el procedimiento conservador genera resultados favorables para el paciente, por lo que el tratamiento quirúrgico se realiza cuando las técnicas conservadoras, que abarcan desde la fisioterapia hasta los fármacos y las infiltraciones, han resultado fallidas y las manifestaciones clínicas resultan incapacitantes y deterioran la calidad de vida del paciente.

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