La infiltración del hombro es un tipo de tratamiento muy común en las consultas de traumatología, ya que varias lesiones que implican el miembro superior son tratadas mediante fisioterapia y esta práctica médica. Este tratamiento no está recogido dentro de las técnicas quirúrgicas. Las causas principales suelen ser tendinopatías, hombros congelados o cualquier tipo de lesión del miembro superior que cursa con dolor intenso y no remite. La aplicación de esta técnica puede dar lugar a una serie de síntomas o incluso efectos secundarios que deben informarse al paciente. 

¿Qué es la infiltración del hombro?

Este tipo de técnica se basa en aplicar de forma directa mediante una inyección un tipo de fármaco, en el área anatómica afectada. Los fármacos que suelen inyectarse son generalmente analgésicos y antiinflamatorios, indicados para reducir la inflamación que se produce tras determinadas lesiones o bien reducir el dolor y con ello favorecer la recuperación del paciente. Al realizarse de forma directa en el lugar de la lesión y en el área exacta donde debe incidir el mecanismo de acción, por ello la reducción de los síntomas es más rápida. Los fármacos que se inyectan de forma más común son diferentes tipos de contriciones (acetato de parametasona, acetato de triamcinolona, entre otros) y los anestésicos locales (mepivacaina, bupivacina). 

En cuanto al método de aplicación de la técnica en el miembro superior y en concreto en la articulación glenohumeral, existen tres vías a través de las cuales se aplica la inyección, es decir, se puede inyectar en tres zonas anatómicas diferentes: anterior (delantera), posterior (trasera) y lateral. Dependiendo la estructura anatómica donde se desee aplicar el fármaco, se utilizará una vía u otra. La vía posterior es la que más se utiliza ya que conlleva menos riesgos. La vía anterior es la menos común, ya que es una región delicada, por la presencia de la arteria acromiotorácica y el nervio circunflejo. La vía lateral se utiliza generalmente para incidir sobre la bolsa subacromial o el músculo supraespinoso. 

Existen otras vías a través de las cuales se puede infiltrar el fármaco, y su elección dependerá del tipo de lesión del paciente. Por ejemplo, en una tendinitis bicipital, el brazo del paciente se encuentra en abducción y rotación externa. 

Indicaciones de la infiltración del hombro

En muchos casos este tipo de técnica de tratamiento no pone fin a la lesión, ya que no actúa directamente sobre el origen de esta. Sin embargo, es un método empleado para reducir el dolor y facilitar la rehabilitación del paciente. Las lesiones en las cuales es más frecuente el uso de este tipo de técnicas son aquellas que cursan con procesos inflamatorios: bursitis, tendinitis, artritis, artrosis, etc. Aunque también se utilizan en otros casos en los cuales no se evidencian signos de inflamación, como en el caso del hombro congelado o bien en tendinopatías crónicas, en las cuales el signo principal es la degeneración. 

Antes de prescribir este tratamiento, es preciso conocer la contraindicaciones del mismo, las cuales serán desveladas durante la elaboración de la historia clínica. Algunas de las razones por las cuales no estaría indicada esta técnica son:

    • Artritis séptica o sospecha de una infección sistémica o cutánea

 

    • Fractura con desplazamiento y cuerpos libres en la zona intraarticular

 

    • Psoriasis o infección en el lugar donde se inyecta el fármaco

 

    • Pacientes que toman Sintrom

 

    • Embarazo

 

  • Hemartrosis

Aunque es un método muy utilizado, suele realizarse cuando el tratamiento conservador fracasa y no se deben realizar más de tres infiltraciones al año. Incluso se considera una contraindicación administrar este tratamiento cuando se ha realizado varias veces sin éxito. 

Síntomas tras la infiltración del hombro

Tras la realización de esta técnica es posible que muchos pacientes experimenten diferentes síntomas y manifestaciones clínicas; algunas de las cuales deben ser identificadas de forma precoz ya que pueden dar lugar a complicaciones mayores. Esta técnica se prescribe tras realizar un examen clínico y valoración, con el fin de descartar las posibles contraindicaciones. No obstante, aunque el paciente no presente ninguna contraindicación, no esta exento de poder experimentar algunas de las siguientes complicaciones. 

Generalmente, tras la intervención es común que el dolor en la zona aumente, por lo que se recomienda un reposo activo del miembro; aunque este síntoma desaparece en las horas posteriores. Si el dolor intenso persiste durante las 48 horas posteriores de la aplicación, es preciso acudir de nuevo al médico, ya que es posible que se haya producido un proceso infeccioso. La aparición de procesos infecciosos no son comunes, se estima que tienen lugar en 1 caso por cada 50.000 infiltraciones aproximadamente. 

Otros síntomas poco comunes que pueden desarrollarse son las cefaleas, síncopes, descontrol de la diabetes, hemartrosis, rotura tendinosa… Estas manifestaciones generalmente son controladas antes de la intervención y se evitan, no obstante si se experimentan síntomas es recomendable acudir al especialista para descartar complicaciones mayores. 

Fisioterapia e infiltración de hombro 

Las disfunciones que se producen en la articulación gleno-humeral son numerosas debido a que se trata de la articulación más móvil del cuerpo y está conformada por varias estructuras, dando lugar a una articulación muy compleja. En síndrome de hombro doloroso, engloba las lesiones que tienen lugar en esta zona anatómica y cursan con dolor como síntoma principal. Las más comunes son las tendinopatías del manguito rotador, la bursitis y la capsulitis entre otras.

El tratamiento que se prescribe para estas lesiones durante la primera fase es de fisioterapia y tiene como objetivo reducir la sintomatología e intentar evitar el origen de la lesión o bien preparar a las estructuras para evitar que se produzca de nuevo la afección. Para ello, los fisioterapeutas cuentan con técnicas como la terapia manual, indicada para reducir el dolor y mejorar la movilidad en el caso en el que se haya visto afectado el rango de movimiento de la articulación. También cuentan con otras técnicas analgésicas, como la aplicación de medios físicos (electroterapia, crioterapia…). Y el ejercicio terapéutico, el cual es una herramienta terapéutica muy valiosa y con abundantes beneficios, ya que produce analgesia, previene lesiones, mejora la capacidad del músculo, mejora el rango de movimiento, etc. 

En los casos en los que el tratamiento de fisioterapia fracasa, se recurre a la aplicación directa de fármacos en la zona para evitar que la sintomatología del paciente sea un obstáculo en su día a día. También se utiliza en los casos en los que el dolor es muy intenso para el paciente, aunque todavía no haya finalizado el tratamiento conservador. 

En resumen, si padeces una lesión en el hombro, es preciso visitar al médico especialista para corroborar la lesión que se está experimentando y posteriormente, un plan de rehabilitación puede ser la opción más recomendable para restablecer la función de la zona y eliminar los síntomas derivados de la lesión. 

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