El ictus es una enfermedad cerebro-vascular que cursa con un trastorno del transporte sanguíneo. La alteración en el flujo sanguíneo se puede producir a diferentes niveles, afectando a distintas regiones.

Esta enfermedad tiene mucha importancia porque es la segunda causa de muerte más frecuente en España. Además, supone la primera causa de discapacidad adquirida en la población adulta.

Su frecuencia es tal que se estima que cada año 110.000-120.000 personas padecen esta enfermedad. Aproximadamente, el 50% de los casos sufren secuelas incapacitantes o fallecen.

 

¿Qué es un Ictus?

 

Esta condición clínica se define como un trastorno pronunciado del flujo sanguíneo cerebral que puede afectar de forma transitoria o permanente. Esta situación puede generar una alteración de la función de determinada área del encéfalo.

También recibe el nombre de accidente cerebrovascular, ataque cerebral, infarto cerebral. Estos nombres se utilizan para englobar un amplio abanico de tipos de ictus que varían en función de su diferentes criterios clínico, patogénicos, etc.

La clasificación más conocida y utilizada es la que hace referencia a su naturaleza: isquemia o hemorragia. Los de tipo isquémico son más frecuentes que los hemorrágicos. A su vez, dentro de estos dos grandes grupos existen otras subdivisiones variadas.

Existen numerosos factores de riesgo que dan lugar a que se desencadene esta situación clínica. Por ello, ha sido tan importante durante estos últimos años, la labor preventiva. Los programas de prevención, tienen como objetivo eliminar aquellos factores de riesgo que son modificables: tabaquismo, hipertensión, cardiopatías, etc.

Cabe destacar que la hipertensión arterial es el factor de riesgo más importante para sufrir este tipo de condición clínica. Por ello, es preciso llevar un control detallado y con ello prevenir la aparición del ataque cerebral.

 

Efectos derivados del ictus

 

En las últimas dos décadas tanto el manejo como el pronóstico de esta condición clínico-patológica ha cambiado de forma muy significativa. Tanto la labor que se ha realizado para concienciar a la sociedad sobre la prevención de esta condición clínica, como los protocolos de manejo que se han establecido, han disminuido la mortalidad y las secuelas.

Como se ha comentado anteriormente, a pesar de los avances producidos, esta condición clínica supone la primera causa de discapacidad a largo plazo en la población adulta. Se estima que a los 6 meses, aproximadamente un 44% de los pacientes, quedan con una dependencia funcional.

Las secuelas más importantes que afectan a este grupo de pacientes son: parálisis de un área del cuerpo, desequilibrios, trastornos del lenguaje o visuales, dolor, trastornos emocionales, déficit cognitivo, alteraciones físicas relacionadas con el movimiento.

 

Tratamiento del ictus

 

El tratamiento del infarto cerebral comienza con un rápido reconocimiento de los síntomas por parte de las personas que se encuentren en el entorno del paciente. Por ello, la concienciación y educación a la sociedad sobre esta enfermedad, resulta crucial para el paciente.

En algunos casos se dice: “tiempo es cerebro”. Cuanto más rápido sea el diagnóstico mayor probabilidad habrá de que existan menos secuelas.

Una vez que el paciente es trasladado al hospital, se realizan diferentes pruebas para determinar si se trata de un infarto cerebral, de que tipo y en que zona se ha producido.

En función del tipo de infarto que sufra el paciente se realizará una intervención u otra que generalmente suele ser de tipo farmacológico o bien quirúrgico.

 

La fisioterapia tras el ictus

 

La fisioterapia juega un papel fundamental en el tratamiento de las posibles secuelas del infarto cerebral. Debido a que este infarto puede afectar a diferentes áreas del encéfalo, los efectos clínicos derivados pueden ser variados.

También es frecuente que esta rehabilitación se realice de forma conjunta con otros profesionales: logopedas, terapeutas ocupacionales, etc.

Una vez que el paciente se encuentre estabilizado, es decir, tras haber administrado el tratamiento preventivo para evitar que se vuelva a producir el infarto cerebral, se comienza con la fase de rehabilitación.

Una de las principales secuelas es la pérdida de movimiento en determinadas zonas del cuerpo. La fisioterapia tiene como objetivo restablecer en la mayor medida posible el movimiento perdido.

En algunos casos, la recuperación es casi total. En los casos en los que no se produce una recuperación tan satisfactoria, se opta por conseguir el mínimo movimiento que permita al paciente ser lo más independiente posible.

Los fisioterapeutas que se encargan de rehabilitar a este tipo de pacientes están especializados en neurología y cuentan con una formación muy detallada sobre el infarto cerebral. En fisiosite.com podrás encontrar un listado personalizable de fisioterapeutas neurológicos.

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