El esguince es una de las lesiones que se producen con mayor frecuencia en el ámbito deportivo y puede definirse con otros términos como torcedura o entrosis. Esta lesión se entiende como una distensión que puede llegar a rotura de un ligamento de una articulación, tras un movimiento brusco que supone un estiramiento mayor a las capacidades del ligamento. Las articulaciones en donde más se produce este sobreestiramiento ligamentoso son el tobillo y la rodilla. Algunos estudios epidemiológicos reportan que se produce un esguince al día por cada 10.000 habitantes, lo cual hace necesario que se preste atención a este tipo de lesión no solo durante el periodo agudo sino durante el crónico, ya que es una lesión recurrente si no se siguen las pautas adecuadas. 

¿Qué entendemos por esguince? 

El sobreestiramiento ligamentoso, se produce en todas las articulaciones del cuerpo sin embargo, existen mecanismos a través de los cuales nuestro cuerpo reacciona para evitar que se produzca un daño mayor en el ligamento. Sin embargo estos mecanismos, denominadas reflejos, no siempre son capaces de evitar el daño ya que en ocasiones el ligamento se somete a una tensión muy elevada por determinados movimientos. En otros casos, hay ligamentos que no se suelen dañar porque no están expuestos a movimientos tan lesivos. 

En el caso del tobillo, en el 85% de los casos se ve comprometido el ligamento lateral externo, mientras que solo en el 10% de los casos afecta a la sindesmosis y en el 5% al ligamento lateral interno o también llamado ligamento deltoideo. El ligamento lateral externo esta formado a su vez por tres fascículos: peroneoastragalino anterior, peroneocalcáneo y peroneoastragalino posterior. Las porciones que más se lesionan son el fascículo peroneoastragalino anterior (75%) y la del peroneocalcáneo (25%). 

La razón por la cual estos ligamentos se ven más afectados es por su conformación. La porción anterior del ligamento lateral externo resulta la más débil, mientras que el ligamento lateral interno resulta muy resistente porque esta formado por cuatro bandas que hacen que se lesione menos. 

En función del movimiento que se produzca, se lesionará un ligamento u otro. El mecanismo lesiona más frecuente se produce con un movimiento de flexión plantar e inversión, que compromete a la porción anterior del ligamento lateral externo. Por el contrario, en un mecanismo de eversión forzada, se vería comprometido el ligamento lateral interno e incluso la sindesmosis, en el caso de que se diese también una rotación interna de la tibia. 

Tipos de esguinces

Este tipo de lesiones se clasificación en función del grado de la misma. Aunque existen muchas divisiones lo más frecuente es encontrar tres grados que se caracterizan por las siguientes manifestaciones: 

  • Grado I, en el cual se produce un pequeño desgarro del ligamento que produce dolor más o menos intenso y la articulación no presenta inestabilidad, así como impotencia funcional. En muchos casos no requiere rehabilitación, aunque es recomendable someterse a un plan de ejercicios que eviten recidivas. 
  • Grado II, el desgarro ligamentoso es mayor que en el caso anterior y las implicaciones clínicas también. Existe impotencia funcional moderada y tumefacción precoz en la zona, originado por edema que se genera en las partes blandas. También se presentan ciertos grados de inestabilidad articular. 
  • Grado III supone una rotura total del ligamento y las manifestaciones son mayores: tumefacción, hematoma inmediato e impotencia funcional total. En este caso será preciso la intervención quirúrgica ya que además podrán existir complicaciones mayores como arrendamiento óseo. 

Esguinces: Mitos 

Hace años, cuando el paciente acudía a consulta presentando este tipo de lesión, uno de los procedimiento más habituales era la inmovilización de la articulación mediante un yeso  durante dos o tres semanas y sin permitir el apoyo, es decir, requería el uso de muletas. Hoy en día, este tipo de procedimiento ha sido apartado por la evidencia y los estudios, los cuales han demostrado que la movilización precoz es verdaderamente el mejor aliado para este tipo de lesión, y no la inmovilización. Aunque en algunos centros, hoy en día, todavía se utiliza este tipo de procedimiento, sus beneficios no son comparables a los que proporciona la movilización precoz. 

La inmovilización durante semanas lo que produce es una atrofia de la articulación, ralentizando los mecanismos de recuperación y produciendo complicaciones en el paciente, el cual lleva semanas sin mover la articulación. La movilización precoz, no se entiende como un procedimiento que se base en realizar un apoyo inmediato, sino progresivo y según la tolerancia del paciente y los mecanismos fisiológicos. Además, antes de que el paciente vuelva a realizar un apoyo total durante la marcha, se pueden trabajar movilizaciones pasivas y diferentes tipos de ejercicios que prepararán al paciente para la deambulación. 

Esguinces: ejercicios de fisioterapia 

Aunque durante los primeros días se recomienda el método RICE (reposo, hielo, compresión mediante vendajes y elevación), el plan de ejercicio terapéutico resulta fundamental para este tipo de pacientes. No solo para recuperar la movilidad de la articulación, sino para trabajar la fuerza de la misma e impedir futuras recaídas. El plan de ejercicio terapéutico se podría dividir en varías fases, las cuales dependerán de la evolución del paciente. Existen dos tipos de ejercicios que serán protagonistas durante la rehabilitación: ejercicios de fuerza y ejercicios de propiocepción. 

Los ejercicios se fuerza se realizarán en primer lugar y en diferentes fases. Generalmente, en un primer momento se opta por ejercicios isométricos, posteriormente concéntricos y por último excéntricos. Se pueden ir combinando varios tipos de ejercicios, pero resulta fundamental trabajar con este tipo de ejercicios en consonancia con la tolerancia del paciente y su grado de movilidad. 

Los ejercicios de propiocepción se realizan durante la última fase y se encargan de trabajar a los propioceptores de la zona para evitar que se produzcan recidivas. Esta fase del tratamiento resulta fundamental y evitará episodios futuros. Durante las últimas sesiones de tratamiento, es recomendable trabajar durante unos minutos con estos ejercicios, que prepararán la zona para prevenir lesiones. 

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